Gran Aldea Editores

La mano del diablo

Adrián Dib

Estos relatos comienzan bien por el principio: cuando la pelota ni siquiera era redonda, cuando no había arcos, cuando no existían los arqueros. Hablan de los chinos, de los japoneses, de los griegos, de los franceses, de los italianos, de los ingleses desquiciados. De un cañonero de los tiempos de Gardel y Leguisamo. De los Estudiantes de Eva Perón. De los duelos entre Pepino y Amadeo. De ciertos partidos con olor feo. De un pintor comprometido. De un cronista de quince años. De un burrito que rompe un cero arreglado. De algunas vueltas xeneizes. Del golpe al corazón de un pancho. De una final que no le importa a quien la cuenta. De un arquero que se revuelca entre las nubes del cielo y de otro que ataja desde el propio suelo. De un relato a ciegas. De los furcios de un gordo y las hazañas de un pato. De un jugador que no se acuerda de nada. De un cura pincha con un corazón grandioso. De los gauchos del Monoblock Salta. De un superhéroe que necesita un traje bostero. Del sentimiento canalla. De un jugador de alma inmaculada. De los cebollitas opulentos y los cebollitas hambrientos. De unos perros campeones. De un campeonato en la Puna. De un equipo correntino que hace de local en Jujuy. De los gases del asco y los ladrones con casco. De un optimista que hace llorar. De la muerte en el corazón de la tribuna.

Son relatos apasionados, para apasionar a la hinchada.

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